Medicina y deporte ¿Incompatibles?

Amanda Cano Gómez

Atleta y Estudiante de Medicina

(Universidad de Murcia)

Son muchas las personas que intentan cortar las alas a nuestros sueños. Son muchas las que se atreven a llenarnos la cabeza de pájaros o, lo que es más triste, a vaciárnosla de ilusiones. ¿Cuántos intentaron evitar que nos metiéramos en este dulce y amargo mundo de la Medicina?

En mi caso, aunque siempre conté con el apoyo de mi familia en todo momento y lo sigo haciendo prácticamente en todo lo que hago, sí hubo quienes no creyeron que se pueda compaginar deporte y estudios. Deporte de alto nivel y Medicina. Vida y medicina.

Pretendían que escogiera “cualquier otra carrera que pudiera permitirme seguir rindiendo al mismo nivel” e incluso a un nivel mayor conforme fuera ascendiendo de categoría deportiva. Pero la perseverancia y terquedad que me caracteriza para unas cosas, también lo hace para otras. Así que, dejando a un lado la incertidumbre que habían conseguido crear en mí, decidí seguir mi criterio y elegir medicina.

Nadie dijo que fuera fácil, y de hecho, así fue como titulé mi primer blog deportivo. Porque no, no lo es. Y quizá eso le dé emoción y haga que la satisfacción personal sea mayor cuando se va consiguiendo llevar las dos cosas de forma simultánea.

En ambos mundos, marcha atlética –modalidad que practico dentro del atletismo– y Medicina, hay aspectos positivos y negativos. Como en todo. Cuando alguien decide estudiar Medicina no sabe a qué se va a enfrentar. Yo al menos no lo sabía. Siempre me había llamado la atención esta carrera pero no sabía, ni de lejos, lo que es estar inmerso en ella. Ser casi médico. Aún así, me metí de lleno; fui emprendedora de mis sueños. Y quizá el tener poco tiempo al día me ha enseñado a organizarme mejor, a ser más eficiente. Todo es cuestión de querer, de tu propio hábito y de tu fuerza de voluntad. Aunque no hay que olvidar que depende también de la persona, ya que cada persona es un mundo y no todo el mundo tiene la misma capacidad de sufrimiento. 

Lo mismo pasa con el atletismo. Os habla una chica que acabó en este deporte de pura casualidad. Siempre he contado como anécdota que, antes de apuntarme al club al que todavía pertenezco a día de hoy, a mí nunca me había gustado hacer deporte. Era muy vaga y pensar en correr más de 5 minutos seguidos ya me cansaba. De hecho, me ponía a llorar cuando en la playa, de vacaciones, iba acompañando a mis padres a pasear por la orilla de la playa. Pero esa es otra historia.

Imitando (como suelen hacer los hermanos pequeños) a mi hermano mayor Víctor, a quien sí que le ha gustado desde siempre salir a correr y el atletismo, decidí apuntarme a dicho deporte. Y aquí es donde se puede volver a la comparación que hacía antes: no sabía a qué me estaba exponiendo. Cuando empecé, mi entrenador no creía que fuera a durar más de dos meses corriendo. Y ahora es él el que a veces confía en mí y mis capacidades incluso más que yo misma. Esa es una de las mejores cosas que puede pasarte mientras creces y te desarrollas a nivel personal (y deportivo): superar con creces las expectativas. Como cuando te das cuenta que estás a un pie de acabar la carrera que tanto querías y con la que tanto esfuerzo (¡y a veces lágrimas!) te has sacado. Así no puedes más que sentirte orgullosa de todo lo que has dejado a un lado para poder compaginarla con el deporte (y todo lo que has dejado de lado por poder seguir entrenando al mismo nivel deportivo –e incluso mejorarlo– mientras sigues estudiando medicina).

Espero que estas palabras te sirvan para darte cuenta que los sueños pueden convertirse en realidad si los deseas tanto como para ir tras ellos.

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Amanda Cano

12 de febrero de 2018

Fotos fuente: Amanda Cano