Estudiantes de Medicina: Revolución Educativa en nuestras manos.

Juan Manuel Quiñonero Rubio

Estudiante de 5º del Grado en Medicina

Coordinador Editorial Medicalum

Me gusta comparar los estudios del Grado en Medicina con una etapa ciclista. Cuando crees que no puedes sufrir más, llega la rampa más dura, y sin embargo, consigues llegar a la cima. Debe ser la vocación.

En este mismo blog, hace apenas unas semanas, el Dr. Pedro A. Cascales (Editor Jefe de Medicalum) lanzaba un grito a los estudiantes de Medicina advirtiendo que “hemos desaparecido de los hospitales universitarios” (leer aquí). No se equivoca, hemos desaparecido de los hospitales universitarios, pero también de las aulas, y de la gestión universitaria y hospitalaria, y de la participación visible en Educación Médica. El principal fin de la Educación Médica es la formación, la de los estudiantes de Medicina; los médicos del futuro.

El contexto actual de las facultades de Medicina de España sufre un fenómeno sin precedentes. Con 43 facultades España se posiciona en el segundo puesto a nivel mundial en número de facultades de Medicina por habitantes. La competencia por una plaza MIR (Médico Interno Residente) crece enormemente y la empleabilidad total no está asegurada. Pero existen problemas estructurales y conceptuales más importantes y de máxima gravedad, que me llevan a preguntarme: ¿adquirimos los estudiantes de Medicina las habilidades y la experiencia necesarias? ¿debemos tomar la iniciativa en innovación docente? ¿qué está pasando en las aulas y en hospitales con los médicos del futuro? ¿se ha convertido el Grado en Medicina en un tedioso trámite burocrático previo al examen MIR?

Creo firmemente que el estudiante de Medicina debe revolucionar la innovación educativa con proyectos afines al alumnado, que se desarrollen de forma paralela a la rigidez de los planes de estudio universitarios, pero que a su vez queden totalmente integrados en la actividad clínica y formativa universitaria; que fortalezcan los puntos débiles y aseguren los fuertes. Tomaríamos así las riendas de nuestra formación, como sugería la Dra. Elisa García en su entrada a este blog (leer aquí). Mi aportación a esta revolución es este blog y esta revista (Medicalum) a la que ya se han sumado un gran número de estudiantes y docentes de diversas partes de España y otros países de Europa y Sudamérica.

El método tradicional docente de la clase magistral debe evolucionar. Un alumno nunca será capaz de asumir la información de 60 á 75 diapositivas por hora, durante seis horas de clase diarias, las 30 semanas de un curso académico. Tal vez este sea un buen método para el docente, pero no lo es para aprender, como afirma el Dr. Richard Schwartzstein en su reciente artículo de la serie Perspective en NEJM (leer aquí). El rechazo de los estudiantes a los métodos tradicionales de aprendizaje es más que evidente, y algunos docentes ya empiezan a cuestionarlos, pero las estrategias alternativas parecen no funcionar del todo. ¿Alguien se ha planteado que tal vez deba ser el estudiante el motor del cambio? Desde hace años en las escuelas y facultades de Medicina de las universidades de referencia a nivel mundial se están aplicando con éxito métodos de formación basados en flipped-learning y TICs (Tecnologías de la Información y Comunicación). Sin embargo, en España se pueden encontrar casos anecdóticos aunque crecientes. Para innovar primero es necesario crear; enmascarar un método que no funciona es engañar, y hoy día se engaña mucho. Cualquier método que no permita mejorar la relación esfuerzo-aprendizaje es un fraude.

Ha llegado el momento de forzar un cambio en el paradigma actual del estudiante de Medicina, incorporando métodos de aprendizaje realmente innovadores, eficaces y que motiven tanto a estudiantes como a docentes. La visión de la medicina basada en la evidencia científica que hoy día conocemos sufrirá importantes transformaciones en los próximos años, al imponerse nuevas tecnologías basadas en inteligencia artificial, Big Data, y modelos de simulación clínica; y vamos a llegar tarde, porque aun estamos muriendo por Power Point. La clase magistral lleva tiempo agonizando como método prioritario de enseñanza médica. La asistencia a las aulas y la motivación del alumnado están experimentando una caída en picado. Pero en lugar de crear puentes de entendimiento entre los afectados (repito, tanto estudiantes como el profesorado) la pelota de la culpa se va pasando de un lado a otro. ¿Qué tipo de beneficio se consigue llenando las aulas si el método docente no le es útil a los estudiantes de hoy? ¿De verdad creen los estudiantes que podrán ser buenos médicos sin haber tenido contacto con su profesores? Debemos reflexionar, porque como dice el Dr. Juan Antonio Ortega (Pediatra en HCUVA) “todo comienza por la forma de aprender”.

El examen MIR se ha convertido en la meta de cualquier estudiante de Medicina. Sí, es cierto, tiene una gran trascendencia, no lo pongo en duda, y por supuesto que es necesario; pero dudo mucho que el jubilado con cáncer de colon, la madre del niño con leucemia, la chica de veinte años con endometriosis profunda, el anciano con neumonía, o un enfermo de EPOC, asma o cualquier patología por poco grave que parezca, pregunten a su médico qué número obtuvo en el examen MIR. Seremos médicos y estaremos totalmente capacitados ¿o no? El MIR no es ni la millonésima parte de lo que supone ser médico; aquí las academias hacen muy bien su trabajo. En mi opinión deberían valorarse otro tipo de méritos, tales como publicaciones de carácter científico, estancias en hospitales nacionales o extranjeros, participación en proyectos de investigación, y que desde las universidades se faciliten estas oportunidades. Además no entiendo o no quiero entender la actual vía de preparación para este examen.

Los estudiantes de Medicina debemos adquirir habilidades médico-quirúrgicas y capacidades diagnósticas y terapéuticas básicas durante nuestros estudios de grado. La integración de la simulación clínica y la innovación docente es esencial como herramienta en los planes de estudio para la formación de los futuros profesionales de la Medicina. Hay que romper las limitaciones de acceso de los estudiantes de Medicina a las fuentes de información científica y la divulgación de sus propios trabajos de investigación, para hacerlos protagonistas de tu formación. Sí, el protagonista es el estudiante, guste más o guste menos. Porque ese estudiante es el que en pocos años tendrá la salud de miles de pacientes en sus manos durante una larga carrera profesional. Tal vez la innovación docente debería poder llamarse en ocasiones innovación discente. Y son las facultades y las universidades las que deberían facilitar los recursos, el soporte y las vías para poder alcanzar estos objetivos.

El contacto de los estudiantes con la práctica clínica debe ser precoz, continuo y de calidad. Sin embargo, la gestión e integración de alumnos en hospitales es un problema complejo. En España hay más de 28000 alumnos de Medicina en cursos con prácticas clínicas, rotatorios por especialidades, y TFGs (Trabajos Fin de Grado); sólo en la Universidad de Murcia la cifra ronda los 1000 estudiantes. En mi opinión, y en lo que concierne a los estudiantes, no se consiguen solucionar tres problemas importantes: a) masificación de prácticas hospitalarias; b) la absoluta descoordinación entre clases teóricas o seminarios con la realización de prácticas clínicas; y c) prácticas clínicas cada vez más cortas en cada una de las especialidades. Si un piloto de avión debe realizar escrupulosamente un mínimo de horas de prácticas de vuelo en simuladores o en compañía de instructores de vuelo, ¿por qué se puede regatear con la experiencia clínica de quienes dependerá la vida de mucha gente?

No se conseguirá una correcta actividad clínica formativa si persisten incoherentemente errores y lagunas educativas de los estudiantes. Si tan difícil resulta solucionar esto, habrá que optar por “llevar el hospital al aula”, que los alumnos estudien y resuelvan situaciones reales, y tengan la oportunidad de aprender a diagnosticar, asumiendo un aprendizaje activo y cooperativo, siempre tutorizado, derivado de la transferencia (y no transmisión) de conocimientos y habilidades clínicas y transversales, e investigación académica básica, programando tareas de corta duración con objetivos muy concretos. El docente debe establecer los objetivos, pero el futuro médico debe decidir el camino. ¿Qué estudiante de Medicina no querría salir del aula con la materia aprendida y sin necesidad de estudiar durante semanas abrumadores volúmenes de apuntes, con información de cuestionable calidad o no actualizada (sin desmerecer los meritos de aquellos que se esfuerzan para que esto no suceda), y que no se han podido asimilar durante las clases?

Nadie mejor que los propios estudiantes de Medicina sabemos qué necesitamos para fortalecer nuestra formación, ni tan si quiera los que un día fueron estudiantes, porque todo ha cambiado. Ahora bien, esto requiere un gran esfuerzo que deberíamos estar dispuestos a realizar si somos conscientes de lo que supone ser estudiante de Medicina, ¿vas a dejar pasar esta estupenda oportunidad? Ya sólo nos queda crear nuestra propia revolución. Crear para innovar.

Juan Manuel Quiñonero Rubio

5 de diciembre de 2017

Foto fuente: J.M. Quiñonero (Lagos de Covadonga, Asturias).